martes, 14 de abril de 2015

EL REFUGIO



En el mejor escondite de la ciudad se celebraba cada año una gran efeméride. Ese día, se comía, se bebía y se lanzaba por los aires lo comido y lo bebido. Gracias al fervor descontrolado de todos, podían verse volar platos de paella y bocatas aplastados con fiambre; también finas parábolas de vino que manaban al apretar el odre de sus botas y una lluvia multicolor nacida del latigazo impulsivo de sus vasos medio llenos. Mientras todo eso sucedía con algarabía, una orquesta sonaba desconocedora de todas esas particularidades bajo una improvisada cúpula de plástico, para sobrellevar, de alguna manera, la contienda.

viernes, 10 de abril de 2015

SALUDARSE



Salí desconfiado. Y tan pronto pisé la calle, oí como alguien me saludaba. El efusivo hola provenía de una señora que no conocía. La escaneé de arriba abajo: morena, de unos cincuenta años, cara de pan, vestida con un abrigo velludo color avellana y portadora de un carrito con ruedas; seguramente venía del mercado. La olisqueé a fondo como un sabueso, había comprado sardina, el tufo se mezclaba con la fragancia perfumada de sus encrespados cabellos. Pellizqué la carnosidad de sus mejillas, palpé a golpecitos la prenda que la cubría y, finalmente, tras lamerle una mano, le devolví el saludo.

jueves, 9 de abril de 2015

EL OSO



En el momento en que le dio la espalda –después de prepararle un barreño con varios kilos de pescado y una caja de suculentos arándanos bañados con un buen chorro de miel para que merendase–, el gran oso pardo que tan afectuoso y dócil era con su adiestrador, se vio movido por primera vez por un impulso que le germinaba de sus entrañas: se alzó majestuoso con sus dos patas traseras ante quien lo alimentaba cada día, le rugió con ojitos de peluche, arrinconándolo contra los barrotes, y dando bandazos con sus zarpas retraídas, le atacó lentamente, con ternura.

miércoles, 8 de abril de 2015

EL ESPECTÁCULO



La función empezó cuando un señor se colocó unos pequeños auriculares en los oídos para mantener una conversación telefónica. Lo hizo en voz alta, sin importarle que estuviera lleno de gente. La mayoría disimulábamos, hacíamos como si no estuviera, pero la escena se convirtió en un vivo monólogo que captó el interés. Estaba alterado, gesticulaba mucho con las manos y, al final, en lo más álgido de la discusión, se echó a llorar como un niño. Su intervención cautivó. De hecho, cuando acabó de hablar, algunos que también estábamos allí esperando la llegada del tren, le dimos un fuerte achuchón.

viernes, 3 de abril de 2015

EL ABUELO



Sabía que el abuelo estaría desafinado por falta de uso. Lo tenía guardado en el trastero, dentro de la funda del contrabajo. Después de tanto tiempo me apetecía tocarlo. Estaba recogido, en posición fetal y vestido con su uniforme de batalla: pijama, pantuflas y batín. Era evidente que debía ponerlo a punto, así que lo saqué con cuidado para templarlo. Tensé sus brazos y piernas, le hice el abrazo del oso para que todo se recolocara en su sitio y acabé ajustándolo con suaves movimientos cervicales. Enseguida abrió los ojos y exhaló un prolongado bostezo perfectamente afinado, como solía hacerlo.

miércoles, 1 de abril de 2015

LLUVIA



Tenía una pequeña nube flotando a varios metros sobre mi cabeza. Al parecer, me seguía a todas partes, pero no me di cuenta de ello hasta que un día, al salir del trabajo, algunos me la hicieron ver señalándola en el cielo. Era elíptica, alimonada, como de algodón dulce, y del tamaño de una lavadora. Pude comprobar que efectivamente me acechaba: avanzaba y se detenía coincidiendo con mis desplazamientos.
Esta mañana, después de haber estado conmigo todo este tiempo, me ha abandonado por un señor calvo con gabardina para tornarse oscura y precipitarle con furia un torrente de lluvia amarilla.