La matanza del cerdo resultó ser
un procedimiento muy limpio, nada de sangre a borbotones ni gritos ahogados de
sufrimiento. Más bien lo contrario, el animal, dócil, se dejó coger por el
matarife y sus ayudantes como quien traslada un sofá de un sitio a otro. Lo coloraron
en una gran máquina de acero, ajustaron su rechoncho trasero a una cuchilla circular
y, cuando el disco empezó a girar a gran velocidad, apretujaron su carne a la
afilada hoja. Salieron finas lonchas recién cortadas de jamón de jabugo, chorizo,
salami, jamón de york, chóped y una apetitosa mortadela de olivas.
martes, 17 de febrero de 2015
miércoles, 11 de febrero de 2015
PUÑOS MORTALES
La cantidad de energía que muchos
jóvenes universitarios dedicaban para buscar trabajo era, salvando las
distancias, muy parecida a la del protagonista de “Puños mortales”; una trepidante
película de acción donde un fortísimo luchador se tomaba la justica por su mano
y peleaba por sus ideales en mil trifulcas callejeras para castigar a los malos.
Lo curioso es que a pesar de que su vida siempre pendía de un hilo, en esas
cruentas contiendas, jamás recibía el más mínimo rasguño o golpe de sus
adversarios. Nadie podía con él. En la vida real eso nunca pasaba, te molían a
palos.
martes, 10 de febrero de 2015
EL ALBERGUE
El pequeño Eduardo era muy
madrugador, incluso los fines de semana. Mientras todos dormían, él se dedicaba
a rondar por el cementerio. En ese lugar, más allá de lo fúnebre y lo macabro, se
sentía bien, apreciaba su encanto y valoraba que todo estuviera tan bien
cuidado y limpio. Le gustaba palpar los relieves de las lápidas, leer las sentidas
dedicatorias, oler las flores que iban reponiendo y observar las fotografías de
los allí yacentes. No advertía tumbas herméticas ni sepulcros de muerte, sino más
bien un albergue de pequeños dormitorios individuales donde sus perezosos
compañeros se quedaban durmiendo demasiado.
lunes, 9 de febrero de 2015
TIC-TAC
Un joven periodista preguntaba a un
grupo de chalados cómo reproducirían ellos el sonido que emitía el segundero de
un reloj. Al parecer sus respuestas eran para un popular magazine de televisión.
-¡Toc-toc, toc-toc! –respondió uno
repeinado, unicejo y con gafas de pasta.
-¿Cómo si golpearan a una puerta?
–se cachondeaba el periodista por sus pocas luces.
-¡Tiz-taz, tiz-taz! –exclamó otro
al que le faltaban los dientes.
Entonces, alguien vestido como un
superhéroe surgió de repente, sujetó con una mano la barbilla del malintencionado
reportero y con la otra le abofeteó la cara al compás de un marcado ¡pim-pam,
pim-pam!…
sábado, 7 de febrero de 2015
SERPIENTES
No la besé del todo. Fue algo fugaz. Apenas
un leve rocé en sus labios. Y eso no era besar. Habíamos hablado más por
teléfono, primero de lo cercano, y con el tiempo de sentimientos, confidencias
e incluso secretos. Algo germinaba entre nosotros. Decidimos vernos por primera
vez el día de San Valentín, sin filtros, cara a cara. Yo la miré prendado, ella
de arriba-abajo. Con cierto desaire accedió a que me acercara y la cogiera de
la mano. No fluían las palabras, así que fui directo al grano, a su boca. Y ella,
muy ágil, me hizo la cobra.
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