En este cubículo hermético doy rienda suelta a mi imaginación. Quizás
demasiado. Mi cabello se apelmaza y va creciendo en vertical como un troncho de
palmera. Seguramente huela mal, todavía no me he quitado el vestido a rayas que
me dieron. No puedo lavarme ni asearme, pero sí lamerme cada mañana cuando intuyo
un nuevo día. En este reducto para especies raras dispongo de una diana para
hacer puntería y una silla. También me ponen música. Sin embargo, al poco rato
de sonar la melodía la paran.¿Qué pretenden que me divierta yo sola con el juego
de la silla? No estoy dispuesta a dar vueltas y vueltas a su alrededor. Jamás. No
van a crear una versión distinta de lo que soy.
Últimamente me meto menos en Facebook, que ya no me da la vida. Me alegro de haberlo hecho y de haber leído este relato sobre una mujer íntegra, de las que no se someten y, quizá, por ello también "rara".
ResponderEliminarUn abrazo, Sergi