viernes, 8 de febrero de 2019

LOS MONTES DE TOLEDO


En los Montes de Toledo uno sueña cosas que siempre logra recordar al despertar. Yo he soñado una calle de sauces que lloran y un suelo de hierba distraída; suspiros de eucaliptus y aromas que laten a destiempo. He soñado una fauna y una flora, una agradable monotonía que tranquiliza a las almas para que gocen de su rutina. En este paisaje de ensueño he conseguido crear una imagen irreal de mí mismo. La he proyectado en un ciervo macho, de porte majestuoso y esbelto, que corre feliz por el lecho de la melancolía, con la cabeza llena de notas que componen miles de historias y emotivas sinfonías. Todo le entra por esos apéndices óseos que se retuercen sin rumbo. ¡Pero, cuidado! No son cuernas, ni su cornamenta, sino una gran peineta que se ramifica hacia el cielo para imaginar lo que jamás ha existido.  

miércoles, 6 de febrero de 2019

EL PORTERO DEL EDIFICIO MARINA


Dale un bisturí y un cuerpo que necesite ser intervenido y, Florencio Sales, el portero del Edificio Marina, te demostrará el prodigio que lleva dentro, su arte. Ungirá el cuerpo enfermo con un bálsamo que él mismo habrá elaborado y pronunciará unas frases ininteligibles formadas por una mezcla de silbidos y sonidos broncos. La materia grasa untada en la piel del individuo conectará con los ecos internos de su alma y con la naturaleza del cosmos. Rajará la carne con su pequeña arma quirúrgica, y, con elegante destreza, realizará un espectáculo igual de bello que de cruento al extirpar los órganos dañados. Un corte por aquí, otro por allá. ¡Zas, zas!¡Chaff, chaff!
     Florencio es experto en hígados, vísceras, riñones, bazos, huesos, músculos, tendones… Conoce las enfermedades, las malformaciones, los tumores, el sufrimiento, el dolor. Es impecable con su cirugía y un portento en su magia. Intervendrá a todo aquel que se lo pida, a cualquiera que precise de su ayuda. Gratuitamente u ofreciéndole la voluntad. Lo hará con entusiasmo, con esa capacidad suya para generar milagros, en una pequeña habitación que los vecinos del Edificio Marina le han dispuesto en el rellano. Por su trabajo pasa la mayor parte de su tiempo en la entrada de esa escalera; así que si logra sanarlos y se restablecen de sus dolencias será feliz, se sentirá digno. Y si no, igualmente, disfrutará de haberlo intentado, de su hazaña mística; del dolor esperanzador, de los gritos lastimosos y ahogados de los enfermos, porque, en el fondo, ellos se han agarrado a él como a un clavo ardiendo.  

viernes, 1 de febrero de 2019

EL HOMBRE PÉRTIGA


La entrepierna de Sergey Kambrilev era un paisaje maravilloso, resplandeciente, un amanecer entre dos nubes que descubrían un gran porvenir; un horizonte glorioso. Sergey pertenecía a un pequeño pueblo de montaña de estupendas entrepiernas. Los domingos no era extraño verlo trotar desnudo por las calles del casco antiguo, sintiendo la brisa en su punto de fuga, y disfrutando de esa sensación incomparable al subir las pendientes adoquinadas de aquel núcleo histórico. Jadeaba de placer porque la sangre se movía, lo estimulaba, y le engrandecía aún más aquel hermoso panorama que, a vista de pájaro, alcanzaba una apariencia ardiente. Pasó de una sencilla perspectiva caballera a una palpable y exuberante perspectiva cónica oblicua. El punto de vista cambió, se le expandió, y, desde el plano, llegó a elevarse a unas coordenadas tridimensionales fuera de lo común, tomando un relieve inhiesto, empinado, desmesurado. Un circo trató de contratarlo para que él se convirtiera en el nuevo espectáculo de la compañía. Pero Sergey se negó. Su pueblo le ponía demasiado. Le permitía vivir en paralelo.  

miércoles, 30 de enero de 2019

ODONTOLOGÍA CASERA


Una vez me arranqué una muela con unos alicates. No fue difícil. Me ayudé de un pequeño espejo para localizar el diente podrido, y, con la otra mano, iba tanteando la zona hasta tenerlo agarrado con las tenazas. Me preparé un vaso de Jack Daniel’s, una toalla y unas bolas de papel de váter. Cuando lo tuve bien cogido, ni lo pensé, retorcí el diente negro de caries y estiré con todas mis fuerzas. Estuve a punto de desmayarme. La sangre inundó mi boca, me chorreaba por la barbilla. Escupí en el lavabo y mordí las bolas de papel que había empapado en whisky para limpiar y absorber la sangre de la encía ahuecada. Me enjuagué varias veces con el alcohol y di varios tragos para desinfectar la herida. Eliminé posibles rastros de sangre y logré inhibir el dolor punzante. Me aseé y limpié el lavabo. Dejé los alicates en la caja de herramientas de mi padre y me fui al instituto anestesiado. Muy contento.

martes, 29 de enero de 2019

EL SER FARFULLADOR


Cuando el ser farfullador se miraba hacia dentro y veía cosas que no estaban en sintonía con él, emitía una voz afectada, una locución ininteligible de palabras que más bien parecían bramidos. Contemplaba la composición de sus entrañas como una chapuza de la naturaleza, como la cartografía deficiente de un mapa lleno de accidentes naturales irreparables. Su mirada deducía una versión terminal, inconclusa, aunque también ingeniosa e imaginativa. Por una parte hallaba un factor patógeno, una alteración oscura que avanzaba hacia un declive irreversible. Y por otra adivinaba la textura y el contorno de una criatura camaleónica instalada en su centro. De apariencia cambiante, majestuosa, corpórea e incorpórea a placer, con una voz resonante que palpitaba con fuerza y suplantaba los verdaderos latidos de aquel ser enfermo, acabado y farfullador.   

viernes, 25 de enero de 2019

LA BRUJA


He visto mi muerte, y no va a ser ahora mientras mi supuesto pretendiente cree que me ahogo con un hueso de aceituna. Es cierto que da la impresión de que me atragante. Le agradezco su rápida reacción y que me apriete contra él para socorrerme; dice mucho de su forma de ser y de su entereza. ¿Creéis que podrá perdonarme? Solo finjo una muerte doméstica, sencilla, para conocer su respuesta ante un hecho de esta trascendencia. Su mirada masculina despierta ternura, es bondadosa, desprovista de dobleces y sin la agudeza para ver más allá de lo evidente. Es mi hombre. Podría quererme hasta mi verdadera muerte. ¿Creéis que reaccionará bien cuando le diga que la oliva era rellena de anchoa?  

miércoles, 23 de enero de 2019

SUPERDOTADOS


El perro no tenía motivos para suicidarse, pero desde que fue adoptado por un niño prodigio ya lo había intentado varias veces. La primera vez se tiró por un patio de luces. El perro saltó uno de los muros que dividía la azotea del edificio y se encontró con un espacio descubierto de siete pisos de altura. La segunda vez se escapó de casa y se lanzó a la carretera cuando pasaba un coche. Siguieron más intentos, y siempre salió ileso.
    Es por todos conocido el mal envejecer de los niños prodigio. Durante su juventud son capaces de dominar muchas materias y disciplinas; sin embargo, con el tiempo, esa naturaleza que los hace especiales va desembocando en otra muy distinta. Esta mascota, vivaracha y traviesa, también daba la impresión de no ser un perro normal, era superdotado como su amo, tanto en su evidente fortaleza física como en la mental, pues, hasta ahora, había sido capaz de aguantar la heterodoxa vida de un tipo que superaba, día a día, los límites de la normalidad.  

jueves, 17 de enero de 2019

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

El cuerpo inerte del ángel estaba en una posición extraña, tendido en el pasillo del hotel, con las alas replegadas. Fue un homicidio extraño, lleno de interrogantes. Antes de su fallecimiento custodiaba una habitación concreta del hotel. Algunas vidas humanas estaban protegidas por estos mensajeros de Dios.
      Su cadáver desprendía un olor insoportable, nauseabundo. El forense que vino a examinar el cuerpo siempre había relacionado la fragancia de los lirios con estos seres celestes. Los había proyectado en su mente como seres inmortales, prácticamente incorpóreos, de gran pureza, de tez nívea, bellísimos... Este se salía del estereotipo divino. Iba sin afeitar, con una camiseta de tirantes manchada con restos de comida, y los brazos tatuados con símbolos ininteligibles. No había nada de celestial en su apariencia, más bien se apreciaba la dejadez, el desaliño, la miseria, la suciedad. Su cabello era grasiento, brillaba, estaba lleno de mechas de colores que refulgían como la purpurina. Pura extravagancia. En realidad, el experto solo veía a un humano con alas; y su capacidad para volar, si la tenía, sería un don extraordinario, un milagro. La realidad de aquella situación era que aquel cadáver alado emanaba una fetidez vomitiva. El hotel se había vuelto irrespirable. Había claros indicios en su expresión facial de que había sucumbido por alguna agitación interna. Estaba mojado en sus propios orines, empastado en sus heces, ahogado en una cantidad inmunda de bilis, con los ojos inyectados en sangre, aterrorizado, como si lo presenciado no perteneciera a los mundos que él conocía. 


martes, 15 de enero de 2019

LLUVIA PODRIDA


Enseguida noto la mala calidad de la lluvia. Las nubes que la contienen llevan demasiados días en el cielo y toman un color oscuro, tenebroso. Su mal estado salta a la vista, parecen ballenatos de plomo que no soportan su peso, e intuyo que no aguantarán ni un minuto más en la bóveda celeste. Caducan cuando el aire vicia sus entrañas y dejan de ser algodonosas y ligeras. Al precipitarse las primeras gotas, uno se da cuenta de esa naturaleza defectuosa; la lluvia hiede a cenizas, a corral de gallinas, a perro sudado. Esos días sombríos me afectan. Me miro en el espejo y veo una vulgar funda en vez de un cuerpo, y observo como el mío es de constitución gruesa y lastimosa, y no me representa. Esos días de paraguas y chubasquero me quedo en casa, pensativo, evocando junto a la ventana los paisajes de mi memoria. De cuando fui trapecista en un circo que pretendía hacer su mayor espectáculo con un enorme elefante que vivía en el interior de un camión destartalado, sin una claraboya que se abriera al cielo. De cuando el domador le atizaba con el látigo y el paquidermo pisaba el suelo sin descansar su peso, sintiendo el miedo cuando los niños aplaudían. Eso lo percibo ahora. Entonces, vivir en aquel circo, era como estar entre bambalinas todo el día; como flotar en el mundo y no sentirse de ningún sitio; era pertenecer a lugar indefinido, irreal… maravilloso. Mis ojos obviaban lo importante de las cosas, solo veían lo externo, la línea que dibuja los contornos. Mi mirada era joven, sencilla, desprovista de profundidad y de la capacidad para ver más allá de lo evidente. Ahora, cuarenta kilos después, distingo mi tristeza, mi deformidad, mi decadencia; y me viene toda de golpe, arrastrándome en la soledad de esta casa cuando, sin saber muy bien por qué, respiro la calidad deficiente de la lluvia.   

viernes, 11 de enero de 2019

CONDUCTAS DEL MAL


El estado de su alma se vuelve viscoso. Se pega en la concavidad de sus costillas y en la parte posterior del esternón. Su corazón se desplaza a la derecha, y el hueco que deja se llena de pequeños agracejos negros que van explotando como petardos. Ella permanece quieta, insensible, deja que el prodigio avance. Experimenta una inmersión en su mente, en un pequeño océano, y adopta los colores de su espiritualidad. A través del yodo que imagina en la densidad de ese líquido y de sus órganos se establece un equilibrio místico que la transforma en un cuerpo vibrante y maligno. Exenta ahora de espíritu, y apta para no sentir culpa, se siente atraída por las conductas perversas y los objetos punzantes.

jueves, 10 de enero de 2019

EL SÍMBOLO AMARILLO


Al final, el grupo más aguerrido decidió engalanarse un pequeño lazo amarillo en la solapa de la chaqueta –¡sí, amarillo!– y manifestarse por las calles de la ciudad sin reparar en las consecuencias. El bloque, distinguido con aquella pequeña insignia a la vista de todos, irrumpió en una concurrida avenida golpeando en las retinas de los viandantes. El color penetrante que irradiaba aquel lazo obligó a los más extremistas a taparse la cara; sus ojos se abrasaban como cuando se observa al sol directamente, y se retorcían de dolor porque, además, el cráneo se les deformaba por dentro. La agonía solo duró unos segundos, pero fue suficiente para darse cuenta del poder devastador de aquel pequeño símbolo amarillo.

viernes, 4 de enero de 2019

FECHORÍAS DE UNA BIBLIOTECARIA (II)


Mi trabajo de bibliotecaria es silencioso y me permite hacer muchas cosas. Cuando me canso de catalogar libros hago un parón y leo, otras veces escribo, otras escucho música en mí mp3 y, desde hace unas semanas, me dedico a preparar combinados. Esos días que me da por la coctelería voy algo más cargada al trabajo. Ayer mismo en mi mochila dispuse una copa de balón, una botella de Beefeater y otra de tónica Schweppes –son mis marcas preferidas–, un par de limones y una bolsa de hielos dentro de otra especial para mantenerlos refrigerados. Un Gin tonic es algo más que mezclar ginebra con tónica; así que tengo en cuenta una serie de pautas básicas para que el cóctel esté en su punto y sea apetecible. Es imprescindible que el hielo sea compacto y de calidad; que no sea del grifo, ya que el cloro puede «matar» el sabor del combinado. Ah, y nada de vasos estrechos o de tubo, la ginebra no es capaz de expandirse. A mí me gusta deslizar la corteza de un limón (que he cortado previamente con una pequeña navaja) por el borde de la copa y luego la dejo sobre el hielo con la idea de perfumarlo. La ginebra debe servirse en su justa medida. Para mi gusto: una parte de Beefeater por dos partes y media de tónica Schweppes. Nada del zumo ni la pulpa del limón, eso elimina el carbónico y lo chispeante de la bebida. Es esencial que no se rompan las burbujas. Se consigue vertiendo pausadamente la tónica sobre la pared de la copa, aunque yo uso una cucharilla mezcladora, es mucho más profesional y se logra el efecto deseado a la hora de mezclar destilado y refresco . Muchas veces, el agradable sonido de la efervescencia es lo único que se escucha en la biblioteca, y yo me siento privilegiada de tener el trabajo que tengo.

miércoles, 2 de enero de 2019

FELIZ ODIO NUEVO


Odio los trabajos que no poseen nada de nuestros hobbies, de nuestras pasiones; odio muchas cosas de la vida, también a mucha gente. Es humano. Siempre he buscado culpables para canalizar mi odio. El fútbol es una de mis vías; también la televisión y la política del día a día. Es fácil buscar en lo bucólico algo que me produzca náuseas, por eso odio la Navidad. Me centro en aquello que es vomitivo y lo convierto en otra cosa. La fabulación me da sentido. Lo hago con un papel y un lápiz, dibujando; o capturando ideas en mi móvil que luego traslado al ordenador, escribiendo. No soy un escritor puro, ni un dibujante puro… Pienso que es absurdo serlo; no me gustan aquellos que van de puros en lo artístico o lo creativo. Pierden su gracia (y mi interés). No odio ser creativo. De hecho, aplaca el carácter insoportable que tengo conmigo mismo. Mis mundos parten del odio (aunque uno pueda ser un tipo afable y bonachón). Agudizo mi mirada en la gente que fuma, en los cigarrillos, en el asqueroso humo que exhalan; imagino sus pulmones negros, bultos malignos, el cáncer, la muerte…Todo eso, y más cosas, son mi inspiración. Sé que no voy a inventar nada, pero me esfuerzo en crear arte de aquello que aparentemente no lo es.

viernes, 28 de diciembre de 2018

LA EXTINCIÓN


De lejos, todos los seres humanos son iguales. Es al aproximarme a ellos cuando puedo captar sus diferencias; incluso en estos dos especímenes idénticos sentados frente a mí en el metro. Los llaman gemelos. En realidad, aquello que los diferencia de verdad es invisible, está en su cerebro y en una dimensión compleja que los humanos denominan alma. Aparentemente, estos dos tipos están tristes, pensativos. Por su indumentaria, deduzco que vienen o van a jugar al tenis. El que lleva camisa y jersey de pico negro es frío, apático, y está preocupado por sus dientes. Se acostumbró a estar sin ellos, pero desde que le hicieron la intervención para implantárselos se siente muy incómodo; nota su boca atiborrada de dientes. El otro, vestido con chaqueta de chándal, es más emocional, siente que no pertenece a este mundo. Odia los globos que explotan en las fiestas infantiles cuando no lo espera. Es capaz de matar. Dos tipos iguales pero muy diferentes. Nada ejemplares. Me dan lástima. Por lo que les queda de vida todo debería importarles un bledo.

viernes, 21 de diciembre de 2018

PERDERSE EN EL TRAYECTO


La mujer que cogía todos los días el bus para ir al trabajo sabía que lo más sensato para que todo avanzara con normalidad era amar a su marido y disfrutar de la vida familiar con sus hijos. Dedicar su tiempo a eso era lo más sano; pero el tiempo que transcurre desde que nacemos hasta que morimos no está hecho para ser cómodo, y a ella le resultaba imposible practicar la indiferencia cuando algo le bullía por dentro cada vez que levantaba la vista hacia el retrovisor interior y comprobaba como su mirada se cruzaba con la del chófer.

jueves, 20 de diciembre de 2018

EL REY DE LAS AZOTEAS


Estoy enamorado de las azoteas de los edificios porque se enlazan entre sí y forman un suelo en las alturas, un entramado caprichoso de caminos encubiertos. Deambulo por esos límites para sentirme en otro lugar; cambio de aires y respiro una atmósfera limpia que no está viciada por el tufo de las calles. El paisaje de los tejados se llena de ropa tendida –me encanta hundir la nariz en las sábanas cuando están recién lavadas–, de calentadores solares, de pararrayos, de antenas y parabólicas, de cisternas, de columnas, de chimeneas humeantes, de balaustradas, de conductos de todo tipo… Es un lugar casi futurista, y, en mis largos paseos, cuando me desoriento o me pierdo me asomo a la calle y enseguida determino dónde estoy –«Ah, mira, estoy entre la calle tal y tal»–. He descubierto un trayecto que me lleva directo al trabajo: salto algunos muros, desciendo por una escalerilla metálica verde, paso por una viga de hierro que hace de puente entre dos bloques y me sitúa en un techo inclinado de tejas rojas donde hay una claraboya. Accedo por ella y «voilà», ya estoy.
   Dominar las azoteas es conocer las intimidades de tus vecinos. Sus vidas se suceden en cada planta, en cada vivienda, en cada habitación, y yo, a través de los patios interiores, encuentro la felicidad con sus historias, que arrojan voces, privacidad e impensables secretos.

martes, 18 de diciembre de 2018

EL CONCURSO

Me encanta la idea de que antes se pagara a una señora para que llorara en los entierros. En San Juan del Río, en el estado de Querétaro en México, se celebra un moderno concurso de plañideras dentro del festival Anual del Día de los Muertos. Estoy tentada en presentarme. En casa, siempre que me siento sola, exagero mi tristeza y teatralizo lamentos, suspiros y gemidos varios. Me dispongo ante el espejo y, a través de movimientos compulsivos, produzco inspiraciones bruscas y entrecortadas que son idénticas al llanto. Luego, esos sollozos, si están bien ejecutados, los intercalo en un discurso lleno de frases conmovedoras. Únicamente me falta producir lágrimas. Para ello, es básico mantenerse bien hidratada y que el organismo contenga el agua suficiente. Acostumbro a practicar con las películas en las que la actriz o el actor lloran. También recurro a pensar en cosas tristes: me imagino indefensa ante vejaciones; visualizo perros y gatos aplastados en la carretera; recuerdo impactantes imágenes emitidas en televisión de niños azotados por la miseria; pienso en las penurias que deben pasar los pobres inmigrantes que viajan en patera; revivo la angustia de mi padre durante su dura enfermedad, cómo se iba apagando y se convertía en cadáver… Nada de eso me funciona. No me ablando; y no consigo que mis ojos luzcan llorosos. Necesito ese plus para que mis dramas sean redondos. Quiero dar lo mejor de mí; así que si no es este año me presentaré el otro.

domingo, 16 de diciembre de 2018

DESEOS QUE DESCALABRAN


Esta mañana, durante treinta minutos, he sido gallina. He picoteado frutos secos y cereales en el suelo y he incubado la ropa sucia taponando el bombo de la lavadora con mi trasero. Mi papada se ha convertido en una protuberancia roja, un lóbulo flácido de carne muerta que colgaba y se agitaba al son de mi cacareo; mi cabello ha adoptado la forma de una cresta de varias puntas, igual de roja. He sacado pecho y mi torso se ha vuelto gallináceo, se ha cubierto de plumas blancas desde el cuello hasta el final de mi espalda. Los sábados, desde la cama, son los mejores días para pedir deseos. A mí se me ha concedido el mío, y con solo media hora he tenido suficiente para hacer lo que hacen estas curiosas aves. Incluso me he lanzado desde la ventana para comprobar si es cierto eso de que no pueden alzar el vuelo. 

viernes, 14 de diciembre de 2018

HACERSE UN PENSAMIENTO


Charo, querida, desde que llevo dentadura postiza me da por contar las veces que mastico cada alimento. ¿Puedes creerte que cada bocado que doy lo mastico treinta veces como mínimo? Estoy obsesionada. Además, cada cosa tiene su masticar. No es lo mismo masticar un melocotón que un muslo de pollo o una pizza. Mis mandíbulas adoptan una posición determinada según el tipo de comida; y su movilidad es inestable, hacen un juego extraño y parece que vayan a desencajarse. Lo peor es comer gominolas; ya sabes lo que me gustan… Sangro y todo. ¿Puedes creerte que un simple osito de fresa he de masticarlo cincuenta y ocho veces? Imagínate lo que supone comerme un entrecot poco hecho o al punto. Tengo una ansiedad que no me la acabo. Ay, Charo… Ayer, tras beberme dos botellas de sidra el Gaitero, cogí mi Vespa, e iba tan borracha que al parar en un semáforo en rojo no sabía si podría aguantar la moto entre mis piernas. ¿Te das cuenta lo que supone pasar las sesenta y cinco primaveras? ¿Te haces un pensamiento?

jueves, 13 de diciembre de 2018

OLOR A HUMANIDAD


Soy capaz de oler las humanidades contenidas en este vagón carente de aire acondicionado. Gracias a Dios, el joven sentado a mi lado huele bien, a jabón de lavanda. Mientras viajo, desde mi ubicación–coche: 7, plaza: 18 A–, puedo advertir cada uno de los efluvios aromáticos que se liberan. Huelo a manos sudadas; el tufo de algunos sobacos; la emanación mentolada del Vicks Vaporub que alguien se ha aplicado; el humo impregnado en algunas prendas; olisqueo las puntuales ventosidades; las pérdidas de orina y el flujo vaginal; también el semen; la fragancia de una chocolatina; el aroma a café que alguien se toma; huelo la miga de pan de algún bocata; la fragancia de un plátano maduro; un tupperware con comida, creo que es paella; huelo las cremas hidratantes; los perfumes florales y las lociones para después del afeitado; el olor a pies; los alientos punzantes de las conversaciones… El revisor entra en el compartimento, y justo al abrir la puerta, dispuesto con el aparatito de marcar los billetes, llega a mi sensible olfato un potente hedor a fiambre. Curiosamente, también huele a sangre y a pólvora.