miércoles, 20 de abril de 2016

DOMAR LA MENTE

La mente es plástica, maleable; y también incontrolable. A veces, con tantos estados del alma, se originan devaneos nocivos e insalubres que no dejan proyectar el pensamiento adecuado; por eso debemos engañarla y domarla. Un buen ejercicio es hacernos afirmaciones positivas de lo que anhelamos, e incluso escribirlas repetidamente en una libreta. Yo, por ejemplo, tengo escrito más de mil veces: «Me merezco una mujer que me haga feliz». No me canso de copiarlo, y no pierdo la esperanza. Pero mientras se va instaurando esa idea en mi mente, recurro a que la susodicha sea de plástico y se hinche.

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