lunes, 1 de junio de 2015

EL UNGÜENTO AMARILLO

Me limpié solo un pie, el izquierdo. El otro no lo necesitaba. Lo hice con un jabón de PH ácido, tal como indicaba el breviario. Masajeé los dedos y la planta hasta conseguir esa espuma jabonosa que mantuve unos minutos, lo enjuagué bajo el grifo del bidé con abundante agua y lo sequé a golpecitos con papel de cocina. Después le extendí el ungüento amarillo para que la piel lo absorbiera. El tratamiento hizo su efecto rápidamente y la conversión apenas causó dolor. Realicé de nuevo el proceso, pero esta vez en mi ojo derecho, el otro no lo necesitaba. 

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