viernes, 24 de noviembre de 2017

LA PROFECÍA

Ya está todo preparado para que nazca. El cuello del útero se dilata. La matrona le indica que debe empujar con fuerza, manteniendo el pujo el mayor tiempo posible y lo haga coincidir con las contracciones. Enseguida se ve la cabeza del bebé. Sale lentamente, fruncido en una mueca sobrecogedora  y arqueando la pelusilla de sus cejas. Una vez fuera mira en derredor y se ríe como ningún otro rorro lo ha hecho. No llora. Su madre solo quiere sentir su peso en sus brazos, aun sabiendo que, cuando crezca, ella será presa del llanto, los gritos y la histeria.

Relato finalista en Wonderland el 24/02/2018

1 comentario:

  1. No es necesario que sea un ente sobrenatural, para que se vuelva un hijo maldito. Hijos malditos sobran, lo que pasa es que las mamás callan.
    Saludos salados.

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