viernes, 10 de marzo de 2017

SOLEDAD

Disponer de un interlocutor es relativamente fácil. Yo lo consigo en los bares. Sonrío, saludo y vierto sobre él la conversación. Empiezo con: “¡qué día más bueno!” o “parece que va a llover”, dependiendo del tiempo que apunte. Luego suspiro fuerte y exclamo: “¡No somos nadie!”, y suelto algo sobre las dolencias humanas. Mis exhalaciones suscitan sentimientos profundos. Capto el interés. Recurro también a: “¡ay, estos políticos!” o “¡este Barça no es el que era”… Y así; sin profundizar demasiado en el diálogo y sí en la atmósfera; porque independientemente de lo que se diga, lo que busco es compañía.                                                                   

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